En la literatura y el arte los estereotipos son clichés o personajes o situaciones predecibles. Por ejemplo, un diablo estereotípico es malvado, con cuernos, cola y tridente. Y las brujas también son malas, feas, todas tienen nariz aguileña con una enorme verruga y viajan volando en escoba.
Si en una pareja la diferencia de edad es muy notoria (15 años o más) automáticamente la gente cree que el/la joven se casó por braguetazo, como dicen aquí en España, es decir, por interés, y que lo único que los une es el dinero, que por sentado lo debe tener la persona mayor.
Pero resulta que muchas veces no es así, que hay muchas relaciones de pareja que independientemente de la diferencia de edad los une un verdadero amor y que como en cualquier otra relación también puede acabarse.
Esto pasó en una relación en que la diferencia entre ellos era de 40 años, pero ni el viejo tenía dinero, ni la joven se casó con él por interés, simplemente coincidieron un día preciso en que se dieron cuenta en que no podían seguir adelante sin estar juntos y así siguieron 18 años hasta que el amor se acabó.
Cuando se separaron y el hijo en común prefirió quedarse con su padre para no apartarse de su entorno, sus amigos y familia porque la joven se volvió a enamorar y se marchó muy lejos con su nuevo amor, ella siguió manteniéndolos económicamente; les llamaba a diario; incluso hasta ella misma solicitaba desde el exterior las citas médicas para su ex marido y su hijo; les visitaba dos o tres veces al año; era como si siguiera presente sin estar allí. Hasta que el padre le negó el permiso de salida del país a su hijo para que la visitara en unas vacaciones y la relación cambió con su ex, pero esa es otra historia...
Como la gente tiene el estereotipo de que la muchacha que se casa con un viejo vive como una reina, y la madre que deja a su hijo con el padre es mala, pues así consideran a la joven de esta historia, pero así hablan los que no la conocen, porque la ignorancia es atrevida.