Ya se me olvidó la palabra colombiana para definir ese estado, es curioso como el paso del tiempo es como el agua, va haciendo modificaciones lentamente, casi sin que nos demos cuenta cuando menos pensamos el cambio está ahí. Ahora uso tantos vocablos de aquí que de no ser por mi acento paisa tan marcado, pasaría por nativa de este país. Así que parafraseando la canción de Buika: "Estoy jodida pero contenta".
Liada o jodida porque de un día para otro las horas de mi día se llenaron con un sinfín de actividades que desearía tener unas cuantas más, así sólo las empleara para dormir. Pero mis 24 horas no puedo estirarlas, por eso tengo que apañarme (otra palabra que no usaba) con lo que hay.
Los cambios también se ven en mi manera de comportarme. Antes era impulsiva, dedicaba mucho tiempo a navegar por Internet, fogosa en todos los sentidos, en una palabra -distinta-
Ahora creo que estoy en la era del importaculismo y a nada ni nadie le doy la importancia que se merecen, todo me resbala y siento como si mi vida se fuera lentamente por un desagüe y yo no hago nada para contenerla.
Ya no lloro mucho, y cuando me da por ahí, lo hago a escondidas...
Lloré escondida en el baño cuando mi adosado me dijo que su plan es volver a establecernos en mi país el año entrante, por consiguiente no habrá dinero (otra palabra, antes utilizaba plata) para que mi gordo venga a visitarnos, así que a la mierda toda la ilusión que nos habíamos hecho al respecto los dos. Cuando le conté todo lindo se limitó a decirme: "Tranquila madre, lo bacano es que ya nos queda menos para vernos".
También me escondí para llorar en la galería (otra palabra nueva para mí) cuando mi prima me explicó la situación de L. Me la imaginé sola y asustada, no sé porqué asustada, pues se supone que cuando se te instala definitivamente el primo alemán en casa se te olvida todo, así que seguramente el miedo también se olvida. Ya no puede rezar porque olvidó hasta el Ave María, tampoco pudo preparar su natilla y sus buñuelos en la época navideña porque olvidó las recetas, también a veces es un peligro hasta para sus vecinos, pues se levanta a media noche a encender fuegos que luego olvida apagar; suerte que mis primas viven al lado y están pendientes. Lo único que no me preocupa de su situación es el hecho de que salga a diario a su misa, o haga ella misma sus recados, pues como la conoce don Raimundo y todo el mundo en el barrio, no creo que se pierda.
También me escondo en el baño cuando una película me hace llorar y antes de salir me lavo la cara, así lo puedo disimular...
Y si todo ésto falla y mi adosado se da cuenta, siempre me queda el recurso de decirle que lloro porque me siento muy feliz. No creo que se lo trague, pero tampoco puede hacer mucho para remediarlo, ahora soy como soy por él, soy su obra, así que creo que no tiene mucho derecho a hacerme ningún reproche.
"Las estrellas se apagan pero yo permanezco aquí, cariño..."